Suelos agrícolas: estructura y características adecuadas a los cultivos

 

El suelo agrícola es aquel que se utiliza en el ámbito de la productividad para hacer referencia a un determinado tipo de suelo que es apto para todo tipo de cultivos y plantaciones, es decir, para la actividad agrícola o agricultura. El suelo agrícola debe ser en primer lugar un suelo fértil que permita el crecimiento y desarrollo de diferentes tipos de cultivo que sean luego cosechados.

 

La composición del suelo agrícola

El suelo agrícola está compuesto por aire, agua y componentes minerales, que son la arcilla, el limo y la arena y la materia orgánica. La porosidad del suelo depende del espacio vacío, donde se emplazan el aire y el agua, que es entorno al 50% en condiciones óptimas.

Su estructura se compone en un 95% de material mineral y de un 3% de materia orgánica.

 

 

Tipos de suelo agrícola

El suelo agrícola constituye la principal fuente de alimentación para los cultivos, es por ello que es imprescindible conocerlo y cuidarlo. Conocer el tipo de suelo es un factor esencial para el correcto crecimiento de los cultivos, ya que es la fuente desde la que la planta absorbe la mayor parte de sus nutrientes.

Atendiendo a la estructura del suelo y a los cultivos más adecuados para cada uno de los suelos, se pueden dividir en los siguientes tipos:

 

Suelos arenosos

Se caracterizan por presentar partículas de mayor tamaño que el resto de suelos, por lo que ofrecen un aspecto más rudo y seco.

El hecho de que su composición favorezca un mayor drenaje del agua hace que no sea óptimo en cuanto a la retención de nutrientes, aunque si suele ser utilizado, por citar algunos ejemplos, para la plantación de brócoli, zanahorias, lechugas o aguacates.

 

Suelos agrícolas arcillosos

Presentan el caso contrario a los suelos arenosos, ya que sus partículas son extremadamente pequeñas y eso hace que presente dificultades para drenar al agua.

Esta característica explica que no sean adecuados para aquellos cultivos que presentan raíces sensibles, ya que tendrán un mayor riesgo de putrefacción, por su humedad excesiva. Aunque suelen emplearse para el cultivo de variedades resistentes, como el girasol, o para la plantación de árboles frutales o arbustos aromáticos.

Suelos agrícolas limosos

Se trata de una variedad de suelo intermedia entre las dos anteriores, lo que hace que sean adecuados para la retención simultánea de agua y nutrientes. En este sentido, son suelos recomendables para una gran cantidad de cultivos, que van desde la alcachofa, la lechuga o la col, hasta el arroz.

 

Suelos agrícolas humíferos

Para finalizar, y dejando a un lado aquellos suelos que no son especialmente recomendables para su uso agrícola, como los suelos calizos, salinos o pedregosos, los suelos humíferos se caracterizan por su alta concentración de materia orgánica en descomposición, que les aporta un color oscuro y los hace muy proclives a la presencia de organismos vivos, como es el caso de lombrices y otros anélidos.

Su estructura y composición les permiten una adecuada retención de agua. Eso los convierte en suelos aptos para el cultivo de múltiples variedades frutales y de verduras.

 

En Hortícolas Javier Miranda realizamos un estudio por campaña y cultivo. Así, identificamos cuáles son las propiedades con las que contamos en cada una de nuestras fincas. Esto nos facilita la planificación de los cuidados que debemos seguir para ofrecer las mejores verduras y frutas del mercado. ¡Desde la huerta hasta tu mesa!

 

 

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