¿Qué es el romanesco y como se come?

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Del romanesco nos llama la atención su perfecta belleza, de un color verde y formas matemáticas que nos hipnotizan. Pero el sabor y sus grandes beneficios también son de destacar para aquellos que la prueban. En este post te contamos más acerca de esta col.

 

¿Qué es el romanesco?

El romanesco pertenece a la familia de las crucíferas o brasicáceas, junto a coles, brócoli, coliflor, nabos, rábanos, berros, rúcula, cúrcuma o mostaza. Es, en realidad, una inflorescencia incapaz de producir flores verdaderas, lo que se cree que sucedió a partir del siglo XV.

 

Romanesco, un variedad de coliflor verde

Al contrario de la creencia popular, no se trata de un híbrido entre coliflor y brócoli. Sino que se trata de una variedad verde de coliflor italiana, una variedad de las más antiguas. Son más conocidas las variedades de color amarillo o violeta pero no llaman tanto nuestra atención.

Se cultiva sobre todo en Italia, España, la Bretaña francesa y el sur de Inglaterra.  Y está presente en los mercados desde Septiembre hasta Abril, coincidiendo con la época de coliflores y brócolis. Aunque no es una variedad muy conocida hasta el momento, España planta más del 30% del total europeo.

Color verde vivo y con brotes que, simétricamente, forman estructuras cónicas muy agradables visualmente así es el romanesco. De ahí que se use como elemento decorativo por recordarnos a algunos minerales con formas perfectas.

 

Los expertos dicen que su forma cumple una ecuación matemática que se repite desde el primer trozo hasta el infinito. Y que si cogemos una lupa, observaríamos cómo sus pequeñas estructuras son idénticas.

 

Propiedades de la col romanesco

Como casi todas las hortalizas, no destaca por su contenido en proteínas ni por las grasas. A pesar de contener pequeñas dosis de ácidos grasos esenciales omega-3 y omega-6. Tampoco destaca por sus hidratos de carbono. Pero sí por su vitamina C y por su vitamina K, conocida como antihemorrágica por su papel clave en la coagulación sanguínea. También es importante su aporte de la antioxidante vitamina E, lo que no es habitual en un producto tan pobre en grasas.

También se compone de buenas dosis de ácido fólico y otras vitaminas del grupo B, concretamente B6 y B2. El ácido fólico es fundamental para la síntesis de ADN cuando se crean nuevas células, así como para la producción de glóbulos rojos y blancos, al igual que la B6, que también actúa sobre sustancias que regulan el estado de ánimo e interviene en la producción de energía y el rendimiento muscular. La vitamina B2 complementa la acción antioxidante de la E y participa en la transformación de los alimentos en energía.

Entre sus minerales más abundantes están el potasio, el fósforo, el calcio, el magnesio, el manganeso y el hierro.

 

Beneficios para la salud

  • Anticolesterol. Una fibra soluble, el pectato de calcio, muy abundante también en las zanahorias, contribuye a controlar y disminuir el nivel de colesterol sanguíneo.
  • Protectora del cerebro. El consumo regular de verduras de la familia de la col podría ayudar en la lucha contra la pérdida de facultades mentales asociada a ciertas enfermedades degenerativas.
  • Cardiosaludable. Un elevado consumo de crucíferas suele ir asociado a bajas concentraciones de homocisteína en la sangre, una sustancia que se considera factor de riesgo para los trastornos cardiovasculares.
  • Diurética. Consumir romanesco puede también beneficiar a los riñones, debido a su efecto ligeramente diurético y depurativo de toxinas.

 

Cómo cocinar romanesco

 

Antes de comenzar a cocinarlo, al igual que se tratara de una coliflor blanca o un brócoli, tenemos que separar los ramilletes y limpiarlos. Lo que nos comemos es el pedúnculo de la flor, que ramifica indefinidamente dejándonos esas formas que nos hipnotizan.

El romanesco admite varias técnicas culinarias: asado, frito, gratinado… Lo primero que podemos hacer con ella es probarla cruda. Cruda, además de brindar más nutrientes, resulta más digestible. Siempre que, por supuesto, se mastique bien. Aunque principalmente se prepara cocido en agua, al vapor o al horno. Puede ser plato principal junto a otras verduras hervidas o, por ejemplo, junto a una tortilla o con pescado. Se puede preparar en ensaladas, como crudités acompañada de otras verduras y salsas para mojar. También se puede añadir con el mismo fin a sopas de miso, caldos y cremas al ir a servirlos.

El vapor, el estofado, el papillote o el salteado breve son opciones muy adecuadas para su cocción, y de hecho suelen ser las más frecuentes. Si se quieren obtener texturas firmes bastan 10 minutos y para dejarla tierna y que no pierda su bonito color lima harán falta de 20 a 30. Aunque el tiempo dependerá de si se cocina entera o se separan en pequeños ramos.

 

¿Alguna vez has probado este tipo de col?

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