El auge de la faba fresca (faba verde)

 

Además de la faba verdina, producimos faba blanca (variedad tipo granja). Se trata de una faba que puede ser consumida seca (después de su rehidratación) o como semilla fresca o inmadura (faba fresca). En este blog, te contamos su evolución en los últimos años.

 

Faba fresca

 

 El cultivo tradicional de la faba

Anteriormente, el cultivo de la faba en la Mariña Lucense se realizaba en los pequeños huertos de las casas gallegas y asociado al maíz. No era frecuente ver grandes extensiones de este producto, ya que se dividía la huerta de cultivos para el consumo de los habitantes de la casa y para alimentar a los animales.

En los últimos años, este cultivo ha sufrido cambios significativos. Uno de ellos es el abandono del monocultivo cara técnicas de cultivos más modernas.

Entre las diferentes variedades, eran muy comunes la tipo granja, una variedad que sigue siendo muy utilizada hoy en día. En los últimos años, ha crecido la demanda de una faba que hipnotiza con su color verde, la faba verdina. Es una faba seca poco conocida por el momento, pero que encanta a quién la prueba. Su sabor es fuerte y, por eso, es el maridaje perfecto para pescados y mariscos. Incluso para acompañar a las carnes de los animales de caza.

Las variedades de las que hablamos hasta el momento era de consumo tradicional. Es decir, que su consumo reside en la utilización de la semilla seca. Pero, recientemente, está creciendo significativamente otro tipo de aprovechamiento de la faba blanca: la faba fresca (verde).

 

¿Qué es la faba fresca?

Es la semilla cuando está totalmente desarrollada en la vaina (en tamaño y color) pero todavía no ha comenzado su deshidratación. Las vainas presentan un color amarillo o amarillo/violeta y están rígidas e hinchadas. Estas semillas inmaduras poseen dimensiones superiores en un 25% a las de las semillas secas, tienen un contenido en humedad alrededor del 60% de su peso y permiten su consumo sin necesidad de un período previo de remojo en agua, evitándose, de este modo, la rehidratación imprescindible para el cocinado de las semillas secas.

 

Faba Fresca

 

A diferencia de la faba blanca, estas no hay que meterlas a remojo. Como no perdieron humedad, basta con meterlas directamente en la pota a cocer, y en hora y media están ya cocidas y listas para comer. Además, la piel es más suave y no hace daño en el estómago.

Aunque hay que tener en cuenta que la faba fresca no se conserva bien. Si no las vas a cocinar inmediatamente, puedes meterlas en la nevera, pero te durarán dos o tres días nada más; para conservarlas para más allá hay que meterlas en el congelador.

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